Para diagnosticar un cuadro depresivo, es necesario que se presenten, casi todos los días, al menos dos de los siguientes síntomas: ánimo depresivo; pérdida de interés y de la capacidad para disfrutar; y aumento de la fatigabilidad. Asimismo, que estos síntomas se manifiesten, como mínimo, durante las últimas dos semanas.

Además de estos dos síntomas centrales, deben presentarse, a lo menos, tres síntomas de índole emocional, física, cognitiva o conductual que se plantean más abajo.

Entre los síntomas más característicos de la depresión se mencionan la anhedonia y desesperanza. La anhedonia se puede entender como la incapacidad de experimentar placer o felicidad, la pérdida de interés o motivación, y la incapacidad de disfrutar la mayoría de las actividades cotidianas. La desesperanza, en tanto, no permite que la persona pueda proyectarse a un futuro mejor, haciéndola sentir que no tiene ninguna alternativa o elección personal. Esto hace que la persona pierda el sentido de la vida.

De esta manera, pueden manifestarse otros síntomas como son:

Apariencia y Corporalidad
Dolores corporales como dolores de cabeza, dolores de estómago, etc.
Apatía
Descuido del aseo personal
Afectividad
Pérdida de interés y alegría
Pesimismo
Sentimiento de culpa
Baja autoestima
Baja confianza en sí mismo
Labilidad emocional (emociones fluctuantes)
Irritabilidad
Cogniciones
Visión de futuro negativa
Disminución de la capacidad de atención
Disminución de la capacidad de concentración
Ideas de muerte
Ideas de quitarse la vida
Conductas
Aislamiento
Baja expresión de emociones
Problemas de relación con otros
Ritmos Biológicos
Energía disminuida
Disminución del apetito
Alteración del sueño
Pérdida del deseo sexual
Sentirse apagado en la mañana

Finalmente, es importante considerar que en el caso de los niños y adolescentes, los síntomas pueden ser levemente distintos.

En el caso de los niños también puede darse la presencia de:

Apariencia y corporalidad
Quejas somáticas (dolores corporales, de cabeza, etc.)
Letargo
Afectividad
Ansiedad de separación
Baja autoestima
Temor
Labilidad emocional (emociones fluctuantes)
Cogniciones
Bajo rendimiento escolar
Problemas de concentración
Ideas de muerte
Conductas
Inhibición o aumento de la actividad motora
Deseos de no ir al colegio
Pérdida de interés por los juegos habituales
Problemas conductuales o rabietas
Ritmos biológicos
Bajo apetito/peso
Trastorno en el sueño
Retraso en el desarrollo psicomotor
Retraso en el desarrollo emocional
Problemas en el control de esfínteres

En el caso de los adolescentes, también puede darse la presencia de:

Apariencia y corporalidad
Descuido del aseo personal (por ejemplo, no querer bañarse)
Enlentecido
Se percibe siempre aburrido
Afectividad
Sentimientos de no ser aceptado
Aumento de la sensibilidad
Tristeza
Irritabilidad
Culpa
Desvalorización de sí mismo
Cogniciones
Ideas de fuga o de salir arrancando
Ideas de muerte
Rumiaciones
Conductas
Negarse y oponerse a todo
Abuso de alcohol y drogas
Hurtos o robos
Aislamiento o deseos de estar solos
Falta de colaboración con la familia

Evitación de instancias sociales que requieran compartir con otros

Exposición a riesgos
Ritmos biológicos
Cambios en el apetito
Disminución del peso
Trastornos del sueño

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